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La luz ultravioleta es una parte de la radiación electromagnética situada por debajo de la luz visible, con
longitudes de onda inferiores a 400 nanómetros; ésta en concreto se clasifica en tres divisiones en función de su efecto: UV-A, UV-B y UV-C.
UV-C es el tramo comprendido entre los 200 y 280 nm; y sus usos van desde el curado superficial en la industria, hasta aplicaciones germicidas eliminando eficazmente virus y bacterias.
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Las bacterias, virus, hongos... (ver organismos) son vulnerables a los efectos de la luz ultravioleta
(UV-C): En las longitudes de onda próximas a 253,7 nanómetros, el UV actúa como germicida deteriorando el
material genético (ADN) de éstos microorganismos, incapacitándolos para su reproducción e infección.
Estos microbios son, en su gran mayoría, causantes o propagadores de enfermedades y malestares varios, tales como:
alergias, gripe, gastroenteritis, salmonelosis...
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El uso de un sistema de radiación germicida eficaz repercute directamente en la calidad de vida de las personas,
allí donde puedan desarrollarse gérmenes; y es necesaria en lugares donde la esterilización del ambiente del trabajo es obligatoria. Por
ejemplo: laboratorios, hospitales, manipulación de alimentos, medicamentos... (ver usos)
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